El nudismo en el masaje es, hoy en día, un valor específico que atrae a numerosas personas. Cuáles son sus valencias, virtudes y atinos, es brevemente lo que deseo exponer.
De por sí la masoterapia es la profesión que trabaja con personas que conlleva el mayor contacto e intimidad corporal.
El valor de las maniobras con fines específicos sobre la fisiología, no soslaya ni mínimamente la virtud del ser tocado personalmente con el ritmo, la frecuencia y el tacto que cada uno de nosotros requerimos en ese preciso momento en que ocurre nuestra sesión recibiendo un masaje.
Esperamos que el masajista nos dedique y adapte la técnica requerida específicamente a nuestra sensibilidad. Por ello hay intimidad entre sus manos y nuestro cuerpo.
Comencemos valuando los efectos saludables que se dan al encontrar un masajista con buen feedback y que además de la idoneidad en sus técnicas puede brindarnos contención, escucha y empatía.
En este caso nos relajamos, podemos confiar, se liberan las tensiones defensivas de músculos y articulaciones, respiramos más hondo y gozamos recibir.
Si a estas ventajas adicionamos el desembarazarnos de los símbolos, roles y status sociales, los beneficios se potencian por el fluir de la comunicación corporal y emocional en el contacto, libres de tensiones inhibitorias por condicionamiento de relaciones de poder, de vergüenzas o deseos indecibles.
El nudismo propone justamente esto, liberar los cuerpos de las marcas sociales que representan las vestimentas, acercándonos a una vivencia primaria y originaria del estar junto al otro, el nudismo de ambos cuerpos es un símbolo de naturalidad y espontaneidad, es preparatorio de una comunicación básica entre las personas, un espacio para un lenguaje corporal donde la presencia mía y tuya potencian la vulnerabilidad y la sana confianza.
La experiencia se torna revitalizante tanto en dador como en receptor, pues armonizan y realimentan esa plena confianza mutua, y la comunicación que se da en un buen masaje, es una simetría de vulnerabilidades, de roces cálidos de la piel y de disposición natural a aceptar ambos cuerpos tal cual son.
El arte masoterápico en nudismo es de altísima calidad en la discreción, en el disfrutar el presente con autenticidad y humanismo, en reconocer ante todo que el vínculo entre ambas partes es buscado personalmente alejado de un servicio contractual.
En definitiva el nudismo en el masaje busca un encuentro netamente humano dando un paso más adelante que el ideológico servicio profesional y, libre de signos de status, enraíza en la necesidad de contacto y reconocimiento corporal que poseemos como seres de la especie homo sapiens, pertenencia que nos allana por sobre las diferencias sociales, de traumas, de riqueza o de poder.
En la experiencia con mis clientes he notado que esta igualdad corporal es muy contenedora, relajante y estimula la recuperación de la autoestima, la autoconfianza, aflojando tensiones y dolores crónicos en la confidencia de la comunicación entre ambos.
Mostrando entradas con la etiqueta ecologia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ecologia. Mostrar todas las entradas
jueves, 3 de septiembre de 2009
Opción de masaje desnudo
viernes, 18 de abril de 2008
Contacto cuerpo a cuerpo
El masaje es reservorio de lo primario, sexual y esencial humano en una cultura que ha convertido al cuerpo en objeto sin alma.
El toque de piel con piel es balsámico y en la medida que los masajistas hayamos superado prejuicios sociales y deseemos sinceramente ampliar nuestra capacidad de contención podemos generar el bienestar del otro ofreciendo también el nudismo y el abrazo.
En las condiciones de trabajo hoy, y en la alienación de las relaciones interpersonales que producen la exigencia y la competencia a todo nivel, muchas personas abandonan su cuerpo durante largas horas del día y carecen crónicamente del tono y satisfacción que el cuerpo sano expresa, del contacto afectivo y reconocimiento corporal suficiente como para disfrutarse y alegrarse de la simpleza del vivir.
Y es en la sesión de masaje donde aparece una oportunidad para reencontrarse y tenerse más en cuenta, acompañar el cuerpo que duele, la carencia, el temor, su tensión y dejar nacer un alivio, un suspiro, una queja... y una conciencia de cambio.
Los masajistas hemos de ser sensibles y profundos ante la sinceridad expresiva del cuerpo, y ajustar nuestro arte ofreciéndonos para convocar la evolución autosanadora del receptor.
Es fundamental que los masajistas valoremos TODO nuestro CUERPO como portadores de satisfacción, técnica y contacto. Nuestras manos son sólo dos puntos de los tantos con los que podemos masajear al otro. Como esencial, nuestras manos han de tener un soporte relajado, tónico y flexible en el resto del cuerpo hasta los pies, y la técnica debe fluir desde el centro de nuestro cuerpo y vibrar en todas direcciones a través del mismo, despejándonos de cansancio o bloqueos de energía.
El toque de piel con piel es balsámico y en la medida que los masajistas hayamos superado prejuicios sociales y deseemos sinceramente ampliar nuestra capacidad de contención podemos generar el bienestar del otro ofreciendo también el nudismo y el abrazo.
En las condiciones de trabajo hoy, y en la alienación de las relaciones interpersonales que producen la exigencia y la competencia a todo nivel, muchas personas abandonan su cuerpo durante largas horas del día y carecen crónicamente del tono y satisfacción que el cuerpo sano expresa, del contacto afectivo y reconocimiento corporal suficiente como para disfrutarse y alegrarse de la simpleza del vivir.
Y es en la sesión de masaje donde aparece una oportunidad para reencontrarse y tenerse más en cuenta, acompañar el cuerpo que duele, la carencia, el temor, su tensión y dejar nacer un alivio, un suspiro, una queja... y una conciencia de cambio.
Los masajistas hemos de ser sensibles y profundos ante la sinceridad expresiva del cuerpo, y ajustar nuestro arte ofreciéndonos para convocar la evolución autosanadora del receptor.
Es fundamental que los masajistas valoremos TODO nuestro CUERPO como portadores de satisfacción, técnica y contacto. Nuestras manos son sólo dos puntos de los tantos con los que podemos masajear al otro. Como esencial, nuestras manos han de tener un soporte relajado, tónico y flexible en el resto del cuerpo hasta los pies, y la técnica debe fluir desde el centro de nuestro cuerpo y vibrar en todas direcciones a través del mismo, despejándonos de cansancio o bloqueos de energía.
Masaje nudista en Argentina
Cómo desarrollé en el sitio web específico de nudismo http://nudismos.blogspot.com/, en nuestro siglo XXI dentro de la cultura globalizada, desnudarse no tiene nada de inocencia o ingenuidad.
En lo que cierne al masaje en cualquiera de sus formas, la desnudez de ambas personas aporta un toque esencial a la relación entre ellas: nivela y disuelve símbolos de status social en primer lugar.
En segundo término habilita la visibilidad recíproca de las acciones y reacciones corporales que se generan en el goce y el dolor, en la sensibilidad, la sensualidad y la sexualidad. Y es por ello una manifestación de confianza.
Quienes practicamos el nudismo sabemos que el pudor se conserva, y se constituye como tal en la desnudez del cuerpo dentro de la espontaneidad de los gestos y su moderación.
El toque y la mirada, amplifican su significación y nuestro propio cuerpo capta los mensajes de un modo superlativo y sincero, traemos ello en la carne.
En tercer término, la desnudez multiplica las oportunidades de roce y contacto piel a piel con el consiguiente OASIS de humanidad primaria y calor sensual directo, que visto desde la artificialidad de la vida moderna, es a todas luces un bálsamo para nuestro estrés y sistema nervioso atiborrado de múltiples rituales de sujeción.
En cuarto lugar, la desnudez voluntaria y per sé es un quiebre con límites ideológicos de control del cuerpo y restricciones a la identidad. Por lo tanto es sana y liberadora.
Por ello siempre la desnudez debe ser ofrecida como opción, y sólo como opción elegible, para quien busca un avance personal a través de la oportunidad de un masaje.
En lo que cierne al masaje en cualquiera de sus formas, la desnudez de ambas personas aporta un toque esencial a la relación entre ellas: nivela y disuelve símbolos de status social en primer lugar.
En segundo término habilita la visibilidad recíproca de las acciones y reacciones corporales que se generan en el goce y el dolor, en la sensibilidad, la sensualidad y la sexualidad. Y es por ello una manifestación de confianza.
Quienes practicamos el nudismo sabemos que el pudor se conserva, y se constituye como tal en la desnudez del cuerpo dentro de la espontaneidad de los gestos y su moderación.
El toque y la mirada, amplifican su significación y nuestro propio cuerpo capta los mensajes de un modo superlativo y sincero, traemos ello en la carne.
En tercer término, la desnudez multiplica las oportunidades de roce y contacto piel a piel con el consiguiente OASIS de humanidad primaria y calor sensual directo, que visto desde la artificialidad de la vida moderna, es a todas luces un bálsamo para nuestro estrés y sistema nervioso atiborrado de múltiples rituales de sujeción.
En cuarto lugar, la desnudez voluntaria y per sé es un quiebre con límites ideológicos de control del cuerpo y restricciones a la identidad. Por lo tanto es sana y liberadora.
Por ello siempre la desnudez debe ser ofrecida como opción, y sólo como opción elegible, para quien busca un avance personal a través de la oportunidad de un masaje.
Fundamentos y Calidad en el masaje
El masaje tiene su origen en una necesidad biológica de nuestra especie: el contacto corporal y el reconocimiento entre miembros de la comunidad humana.
Esta necesidad básica se halla en todos los seres sociales, desde los primates a los cánidos, y es la que origina la creación de los identidades individuales.
La socialización humana ocurre en el reconocimiento corporal del bebé como par humano legítimo por su madre y luego como miembro legítimo del grupo primario, haciéndose traslativo a través de los juegos al resto de los miembros de la comunidad donde el niño crece.
Todos los bloqueos al contacto corporal que apenas cuestionamos en nuestra cultura, dejan huellas de insatisfacción y negación de la condición social originaria que cristalizan en tensiones físicas y deformaciones psicológicas en el adulto. Estas alteraciones problematizan luego las relaciones interpersonales y quedan sistematizadas en collages de cultura antihumana.
Más allá de sus variantes específicas, el denominador común de todo tipo de masaje es generar estímulos y movilizaciones fisiológicas con feedback entre el cuerpo del receptor y quien realiza el masaje, y ello conlleva cambios en el juego social entre las dos personas que se traducen también en estímulos y movilizaciones psicológicas.
Por ello no llamamos masaje a lo que realizaría una máquina, pues carece del feedback que proporciona un humano sensible a la dimensión social.
Calidad en el masaje
El masaje es, antes que cualquier otra cosa, una interacción social.
Para ser de calidad debe ser satisfactoria para las personas intervinientes, el receptor y el/los masajistas.
Si comenzamos por el masajista, debemos poseer idoneidad en conocimiento y en la aplicación de manipulaciones probadas, debemos conservar la higiene en nuestra persona, útiles y consultorio, utilizar cremas, aceites y otros productos de calidad, y ser sensibles al feedback, esto es haber elegido esta profesión vocacionalmente.
Por su lado el receptor debe presentarse aseado o pedir hacerlo justo antes del masaje, ser claro y auténtico en sus necesidades y en los problemas de salud que porta, y ajustarse con respeto al lugar y persona del masajista. Además de ello, reconocer económicamente el esfuerzo que conlleva la sesión.
Y ambos deben mantener la discrecionalidad de la sesión con promesa de reserva y confidencialidad de los datos personales que surjan en la misma.
Esta necesidad básica se halla en todos los seres sociales, desde los primates a los cánidos, y es la que origina la creación de los identidades individuales.
La socialización humana ocurre en el reconocimiento corporal del bebé como par humano legítimo por su madre y luego como miembro legítimo del grupo primario, haciéndose traslativo a través de los juegos al resto de los miembros de la comunidad donde el niño crece.
Todos los bloqueos al contacto corporal que apenas cuestionamos en nuestra cultura, dejan huellas de insatisfacción y negación de la condición social originaria que cristalizan en tensiones físicas y deformaciones psicológicas en el adulto. Estas alteraciones problematizan luego las relaciones interpersonales y quedan sistematizadas en collages de cultura antihumana.
Más allá de sus variantes específicas, el denominador común de todo tipo de masaje es generar estímulos y movilizaciones fisiológicas con feedback entre el cuerpo del receptor y quien realiza el masaje, y ello conlleva cambios en el juego social entre las dos personas que se traducen también en estímulos y movilizaciones psicológicas.
Por ello no llamamos masaje a lo que realizaría una máquina, pues carece del feedback que proporciona un humano sensible a la dimensión social.
Calidad en el masaje
El masaje es, antes que cualquier otra cosa, una interacción social.
Para ser de calidad debe ser satisfactoria para las personas intervinientes, el receptor y el/los masajistas.
Si comenzamos por el masajista, debemos poseer idoneidad en conocimiento y en la aplicación de manipulaciones probadas, debemos conservar la higiene en nuestra persona, útiles y consultorio, utilizar cremas, aceites y otros productos de calidad, y ser sensibles al feedback, esto es haber elegido esta profesión vocacionalmente.
Por su lado el receptor debe presentarse aseado o pedir hacerlo justo antes del masaje, ser claro y auténtico en sus necesidades y en los problemas de salud que porta, y ajustarse con respeto al lugar y persona del masajista. Además de ello, reconocer económicamente el esfuerzo que conlleva la sesión.
Y ambos deben mantener la discrecionalidad de la sesión con promesa de reserva y confidencialidad de los datos personales que surjan en la misma.
En el campo profesional, la experiencia y la variedad de técnicas en contextos personales diferentes proveen calidad de atención intrínseca.
Los masajistas debemos dominar la complejidad de nuestro arte, un arte que modela sobre materia humana, que no es masa, sino una fina red de estructuras y órganos vulnerables, sensibles, integrados a la complejidad social de nuestra vida cotidiana, que llevan cargas por los anhelos, frustraciones, sueños y sentimientos.
Jamás un cuerpo debe ser subordinado a recibir tal o cual técnica, sino que la mano debe ajustarse centímetro a centímetro a lo que el cuerpo va comunicándonos.Partiendo al menos de estas consideraciones básicas recién podemos empezar a hablar de calidad en el masaje, y en ello todos debemos educarnos, tanto quienes damos como quienes recibimos este noble intercambio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
