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jueves, 3 de julio de 2008

Valor ambiental

El valor que pervive luego de una sesión de masaje es, esencialmente, la armónica compenetración de todos los factores que confluyen sobre el cliente.
Además de la técnica masoterápica, la personalidad del profesional, la calidad de los productos (cremas, esencias, etc) y la higiene del lugar, un hecho muy importante es la calidad del espacio en que ocurre la sesión.
La amplitud del ambiente, el baño sanitario adecuado, el mantenimiento y belleza del edificio al que se concurre, la decoración, los accesorios técnicos de música y acondicionamiento, iluminación, disponibilidad de sábanas y toallas, almohadones, elementos de expresión, entre otros factores de buen gusto y comodidad definen la inversión que hace el masoterapeuta para satisfacer a su cliente y sumar valor agregado.
Estos factores completan las sensaciones placenteras y terapéuticas que recibe el cliente y que deben ser valoradas no por su exceso económico sino por la dedicación que brinda un buen anfitrión.
La amplitud del espacio donde ocurre la sesión genera un efecto psicológico y estético equivalente a una expansión y contención social que coadyuvan el trabajo estrictamente profesional.
Del mismo modo la opción de concurrencia a domicilio debe ser especialmente valorada cuando se oferta un consultorio bien puesto y el masajista accede a trasladarse al domicilio del cliente, lo cual genera tiempos improductivos y trabajar en espacios no diseñados para sus prácticas.
La posición de objetos para el confort, la simpleza, austeridad, neutralidad y orden, confluyen propiciando la relación humana en el centro o en la prioridad de uso de ese espacio, evitando interferencias de significación, de gusto, disgusto o distracción estilística.
Ni frío, ni abarrotado, ni lujoso, ni descuidado, el espacio que rodea al masajista y con más razón si se realizan entrenamientos con cierto grado de mística o de sensualidad, debe ser un halo de continuidad con la personalidad del anfitrión, ante todo un espacio positivo para sí mismo donde se ofrece a recibir e intercambiar una relación vital con las personas concurrentes a diario.

viernes, 18 de abril de 2008

Criterios de excelencia en el masaje

Como toda actividad profesional, los masajes pueden encuadrarse dentro de standards de calificación indicativos de una mediocre, buena o excelente sesión.
En general el público consumidor recurre a una evaluación intuitiva, y formada por la experiencia, de ir probando técnicas y manos diferentes.
En este breve comentario daremos pautas claras de como evaluar un masaje.
En primer lugar debemos saber que cada masaje tiene fines específicos, y estos fines se pueden lograr por medio de manipulaciones y maniobras dentro de técnicas muy diferentes. Esta diferencia también se percibe en los efectos secundarios y en las sensaciones que producen.
En la sesión de masaje, para lograr el fin principal con eficacia se pueden seguir técnicas también alternativas, por ejemplo lograr relajación y ablandamiento muscular, a través del masaje sueco o por tuei-na, los cuales tienen muy poco en común.
Entre las opciones posibles para lograr un mismo fin, la elección se orienta por gusto de quien recibe el masaje y mayormente por la técnica que domina el profesional.
El ofrecimiento en variedad de opciones es un plus valor del profesional consultado, así como la precisión de las maniobras que un especialista ejercita en una técnica específica.
En todos los casos la sesión comienza por saber que tipo de masaje recibiremos en función de nuestros objetivos.
En segundo lugar, las técnicas difieren en sus contraindicaciones y el masajista debe saber cuáles son éstas y transmitirlo al cliente. (véase mi blog sobre este tema)
Cuando los objetivos del cliente son claros, hay que explicar que efectos y sensaciones produce cada técnica ofrecida, a fin de que él mismo elija que masaje desea recibir con los matices que cada uno ofrece dentro de su eficacia terapéutica.
Por ejemplo, para la tensión de espalda y hombros hay masajes que producen más movilización circulatoria, otros que defibrosan profundamente pero producen dolor, otros que ayudan al desahogo emocional, otros que relajan aún en el estado de máxima tensión pero no descontracturan, etc.
En tercer lugar es muy importante conocer sobre la vida y situación existencial de la persona, su historial fisiológico, su estado de ánimo, sus necesidades afectivas y hasta su satisfacción sexual, para un masajista avezado todos estos datos son un tesoro para modular la sesión.
Las sensaciones y sugestiones inducidas dentro del masaje son también un elemento de gran valor para el cliente, y es necesario consultarle que tipo de sensación desea generar tanto como su estado de salud al detalle.
La secuencia dentro de las maniobras también importa sobremanera. Ella por sí misma produce un efecto sobre el sistema nervioso, por ejemplo no son iguales las respuestas corporales al empezar por los pies que por la cabeza, o boca arriba o abajo.
También las actividades que el cliente realiza rodeando la sesión influyen enormemente en las cualidades que debe tener el masaje. Esto se observa bien en los masajes deportivos, en el caso del predeportivo se estimulan los reflejos y la concentración, en cambio en el postdeportivo se priorizan la distensión y los efectos reparadores siendo viable la somnolencia. En el masaje descontracturante es contraindicada la actividad física moderada o intensa luego de la sesión y no son convenientes reuniones de alta concentración, negociaciones o decisiones claves.
Los productos aplicados sobre la piel son un valuarte del saber masoterápico. Como mínimo el cliente debe ser consultado sobre su historia alergénica, y el masajista utilizar aceites, cremas y ungüentos de calidad probada en las dosis adecuadas y dentro del rango de vida útil de sus principios activos.
En cuanto a la relación personal, es muy importante el feedback, la discreción, el respeto y la flexibilidad para tratar situaciones íntimas de las personas. No olvidemos que en la sesión de masaje las personas están muy próximas, en situación de vulnerabilidad y confidencia continuas, y en muchos casos ocurren confesiones, desahogos, transferencias y catarsis.
Por todos estos puntos, la profesión de masajista es sumamente compleja y requiere una capacitación que hoy en día no esta disponible con la seriedad y profundidad debidas. El masajista requiere un entrenamiento dentro de ciencias de la salud médicas como en psicología social, tanto para ser efectivo como prevenir y derivar a los profesionales adecuados.
Actualmente en Argentina la excelencia vocacional se logra en forma autodidacta.